Cómo los alimentos fermentados pueden alterar su microbioma y mejorar su salud
Alimentos
como el yogurt, kimchi, chucrut y kombucha aumentan la diversidad de los
microbios en el intestino y reducen los niveles de inflamación.
13/10/21
Los
alimentos fermentados como el yogurt, el kimchi, el chucrut y la kombucha han
sido utilizados como alimentos en muchas partes del mundo. Durante miles de
años, diferentes culturas dependieron de la fermentación para producir pan y
queso, conservar carnes y vegetales y mejorar el sabor y la textura de muchos
alimentos.
Ahora los científicos
están descubriendo que los alimentos fermentados tienen sorprendentes efectos
en nuestros intestinos. Consumir estos alimentos puede alterar la composición
de billones de bacterias, virus y hongos que habitan en nuestro tracto intestinal,
conocidos como “microbioma intestinal”. También disminuyen la inflamación, a la
cual los científicos relacionan con un número de enfermedades que se
desarrollan con la edad.
Los últimos
descubrimientos provienen de un estudio publicado en la revista CELL que fue
llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Stanford. Ellos querían comprobar
el impacto que tienen los alimentos fermentados sobre el intestino y el sistema
inmunitario, y compararlo con el efecto que tiene el consumo de una dieta relativamente
alta en frutas, verduras, legumbres, granos enteros y otros alimentos ricos en
fibra.
Para el estudio, los investigadores reclutaron a 36
adultos jóvenes y los dividieron al azar en dos grupos. A uno de los grupos se
le encargó aumentar el consumo de alimentos vegetales ricos en fibra mientras
que al segundo grupo se le indicó consumir muchos alimentos fermentados,
incluyendo yogurt, chucrut, kéfir, kombucha y kimchi. Estos alimentos se hacen
combinando leche, vegetales y otros ingredientes crudos con microorganismos
como bacterias y levaduras. A menudo, el resultado son alimentos fermentados
que contienen abundantes microorganismos vivos así como subproductos de la
fermentación que incluyen varias vitaminas y ácidos láctico y cítrico.
Los
participantes siguieron las dietas por diez semanas durante las cuales los
investigadores monitorizaron los signos de inflamación en sangre y buscaron
cambios en sus microbiotas. Para el final del estudio, el primer grupo había
duplicado la ingesta de fibra, de 22 gramos a 45 gramos diarios, lo cual
triplica el consumo promedio de los norteamericanos. El segundo grupo pasó de
una dieta que casi no contenía alimentos fermentados a consumir seis porciones
al día. Aunque esta cantidad puede parecer mucha, no es necesario consumir
demasiado para lograrla: una taza de yogurt en el desayuno, una botella de 16
onzas (476 cc) de kombucha en el almuerzo y una taza de kimchi en la cena
cuentan como seis porciones.
Después de
diez semanas, ninguno de los grupos mostró cambios significativos en las
mediciones de inmunidad general. Pero el grupo que consumió alimentos
fermentados mostró una disminución en 19 compuestos inflamatorios. Entre ellos,
la interleucina-6, una proteína inflamatoria que tiende a ser elevada en
enfermedades tales como diabetes del tipo 2 y artritis reumatoidea. El grupo
que consumió una dieta alta en fibras, por otro lado, no mostró una disminución
de los mismos compuestos.
En el grupo que consumió alimentos fermentados, la disminución en los indicadores de inflamación coincidió con cambios en sus intestinos, los cuales comenzaron a albergar una mayor y más diversa variedad de microbios, similar a la que muestran otros estudios recientes con personas que consumen una variedad de alimentos fermentados. La nueva investigación mostró que una ingesta con mayor cantidad de alimentos fermentados tiene como resultado un mayor número de especies microbianas en el intestino. Sorprendentemente, sólo un 5% de los microbios detectados en el tracto intestinal parecieron venir directamente de los alimentos fermentados que consumieron.
“La gran mayoría proviene de otro lado y no sabemos
de dónde”, mencionó Justin Sonnenburg, uno de los autores del nuevo estudio y
profesor de Microbiología e Inmunología en Stanford. “Pienso que había también
microbios de bajo nivel que no fueron detectados o que los alimentos
fermentados hicieron algo que permitió el rápido reclutamiento de otros
microbios que se sumaron a la microbiota.
Generalmente,
la gran diversidad en la microbiota se asocia con algo positivo. Hay estudios
que la relacionan con menores niveles de obesidad, diabetes de tipo 2,
enfermedades metabólicas y más. Quienes viven en países industrializados
tienden a tener menor diversidad en sus intestinos que aquellos que viven en
sociedades más apegadas a las tradiciones, no industrializadas. Algunos científicos
especulan que el estilo de vida moderno con dietas altas en alimentos
procesados, estrés crónico y falta de actividad física podrían suprimir el
crecimiento de microbios potencialmente benéficos en el intestino. Otros
sostienen que la relación entre microbiomas que contienen una gran variedad de
microorganismos y la buena salud están sobredimensionados, y que los
microbiomas con poca diversidad que son típicos de quienes viven en países
desarrollados podrían estar adaptados al mundo moderno.
Un tema
sobre el que hay poca discrepancia entre los expertos en nutrición es en los
beneficios de una dieta alta en fibras. Muchos estudios muestran que la gente
que consume más frutas, vegetales, frutos secos y otros alimentos ricos en
fibra tienden a tener índices de mortalidad más bajos y menos enfermedades
crónicas. La fibra es considerada buena para la salud intestinal. Los microbios
en el intestino se alimentan de la fibra y la usan para fabricar subproductos
benéficos tal como ácidos grasos de cadena corta, los cuales reducen la
inflamación. Algunos estudios también sugieren que consumir una alta cantidad
de fibra promueve un microbioma variado.
Los
investigadores de Stanford esperaban que la ingesta de una dieta alta en fibras
tuviera un gran impacto en la composición del microbioma. Por el contrario, el
grupo que consumió una alimentación con mucha fibra mostró pocos cambios en la
diversidad microbiana. Pero al profundizar en la investigación, descubrieron
algo impactante. Los individuos que al comienzo del estudio tenían mayor
diversidad microbiana mostraron disminución en la inflamación al consumir una
dieta alta en fibra, mientras que aquellos que tenían una menor diversidad
microbiana mostraron una mayor inflamación cuando comenzaron a consumir más
fibra.
Los
investigadores sospechan que los individuos con una menor diversidad microbiana
podrían haber carecido del tipo de microbios que digirieran toda la fibra que
consumieron. Un descubrimiento respalda esta hipótesis: el grupo que consumió
una alta cantidad de fibra inesperadamente mostró una gran cantidad de
carbohidratos en sus heces, los cuales no habían sido degradados por los
microbios en sus intestinos. Una posibilidad es que sus intestinos necesitasen
más tiempo para adaptarse a una dieta alta en fibras. Pero finalmente, su
descubrimiento podría mostrar por qué algunos individuos experimentan hinchazón
y otros disturbios gastrointestinales cuando consumen una dieta alta en fibra,
comenta Christopher Gardner, otro autor del estudio.
“Tal vez el
problema que algunas personas experimentan con la fibra es que sus microbiomas
no están preparados”, comentó el doctor Gardner, director de Estudios Nutricionales en el Centro de
Investigación para la Prevención de Stanford.
Una pregunta
que los investigadores esperan responder en el futuro es qué sucedería si la
gente consumiera más alimentos fermentados y más fibra, simultáneamente.
Suzanne Devkota, directora del Microbiome Research
en el Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles, quien participó en el nuevo
estudio, comentó que desde hace tiempo se da por sentado que el consumo de
alimentos fermentados tiene beneficios para la salud, pero la nueva
investigación provee la primera evidencia sólida de que puede influenciar los
intestinos y la inflamación. “Siempre fuimos un poco reacios a comentar los
beneficios de los alimentos fermentados, particularmente para la inflamación,
porque no había información que lo respaldara”, mencionó.
La doctora
Devkota advirtió que los descubrimientos no deberían desalentar a la población
a continuar ingiriendo fibras, dado que la fibra tiene muchos beneficios además
de su impacto positivo en el intestino. Ella misma consume mucha fibra y muchos
alimentos fermentados y a menudo aconseja a sus pacientes del Cedars-Sinai que
tienen enfermedad inflamatoria intestinal a que hagan los mismo. “esto
no cambia lo que he estado recomendando,” agrega. “Aunque probablemente le
aconsejaría a la gente que consuma alimentos fermentados porque hay evidencia
que sugiere que tienen propiedades antiinflamatorias.”
La doctora Devkota dice que hacen falta más investigaciones para entender mejor la relación entre los alimentos fermentados y la salud general. Pero sugirió que una de las razones por la cual los alimentos fermentados pueden ser benéficos es debido a los microorganismos que contienen los cuales están constantemente produciendo varios nutrientes durante el proceso de fermentación. “Un frasco de chucrut es un alimento vivo con substancias tal como vitaminas, que están siendo producidas de manera activa,” acota. “Cuando se ingiere un alimento fermentado, se están ingiriendo todos esos químicos que producen los microbios los cuales son buenos para la salud.”
Traducción de un artículo
de Anahad O’Connor
en el New York Times
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